El erizo, la tortuga y la niña

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Hace mucho tiempo, cuando los bosques se extendían vastos e ininterrumpidos, vivía una niña llamada Elara en una aldea tranquila al borde del Gran Bosque Verde. Elara era conocida por su bondad y curiosidad. No tenía hermanos y a menudo vagaba sola por prados y arroyos, hablando con los pájaros, escuchando al viento e imaginando aventuras que iban mucho más allá de su pequeño mundo.

Una tarde, cuando el sol se hundía y pintaba el horizonte en tonos ámbar y rosados, Elara siguió un sendero de luciérnagas hacia lo profundo del bosque. Nunca había ido tan lejos, pero algo tiraba de su corazón y la empujaba a avanzar. Los árboles crecían más altos, y sus copas se entrelazaban formando arcos como techos de catedrales. Bajo uno de esos arcos, Elara oyó un crujido. Con cautela, se inclinó y encontró a un pequeño erizo enredado en un matorral de espinas.

—¡Oh, pobrecito! —susurró, apartando cuidadosamente las ramas punzantes. El erizo la miró con brillantes ojos negros. —Gracias —dijo con claridad, aunque en una voz tan suave como el crujir de las hojas. Elara contuvo el aliento, sorprendida, pues nunca había oído hablar a un animal. Antes de que pudiera responder, escuchó otro sonido: un arrastre lento y deliberado, como piedras rozándose. De detrás de un tronco cubierto de musgo emergió una tortuga, con un caparazón que brillaba tenuemente en el crepúsculo.

—Has liberado a Espina —dijo la tortuga, asintiendo hacia el erizo—. Eso es un acto noble, niña.

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La tortuga soltó una risa profunda y cálida. —Solo cuando es necesario. Mi nombre es Zarza, y este erizo es Espina. El bosque te ha observado durante muchas estaciones, Elara. Esta noche te ha elegido.

—¿Elegido a mí? —preguntó Elara, ladeando la cabeza. Espina se sacudió, erizando sus púas diminutas.

—Sí —respondió—. Hay problemas en el corazón del bosque. La Piedra Lunar, que da luz a nuestras noches y equilibrio a nuestros días, se ha debilitado. Sin su resplandor, las flores se marchitarán, los arroyos se agriarán y las sombras se alargarán cada noche. Nos enviaron a encontrarla, pero no podemos hacerlo solos. Te necesitamos.

El corazón de Elara latía con fuerza. La aventura —una verdadera aventura— la había encontrado al fin. Asintió con firmeza. —Los ayudaré.

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Cruzaron un arroyo donde saltaban peces plateados, y Elara llevó a Espina en brazos para que no fuera arrastrado. Escalaron raíces nudosas, donde Zarza avanzaba despacio pero seguro, y Elara nunca lo apuraba. Cada paso ponía a prueba su paciencia y confianza, y los unía más como compañeros.

A medianoche, llegaron a un claro donde los árboles formaban un círculo. En el centro había un estanque de agua inmóvil, negra como obsidiana. Sobre él debía brillar la Piedra Lunar, pero solo se veía un débil resplandor tembloroso. De las sombras surgió una figura envuelta en niebla: un Espectro del Hueco, cuya voz sonaba como el viento silbando entre grietas.

—Buscáis la Piedra Lunar —susurró—. Pero es mía. Su luz moribunda me alimenta. Sin ella, el bosque caerá en un crepúsculo eterno, y yo reinaré.

Elara se estremeció, pero dio un paso al frente. —No puedes quedarte con lo que pertenece a todos. El bosque la necesita.

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Zarza inclinó la cabeza. —Aceptamos.

La primera prueba llegó al instante. Un gran abismo se abrió, separando a Elara de sus compañeros. La voz del Espectro resonó: —Muestra tu coraje. Cruza, o quédate separada para siempre. Elara tembló. La brecha era demasiado ancha para saltar. Pero Espina corrió por la orilla y encontró un tronco caído y estrecho. —¡Aquí! —gritó. Elara se equilibró con cuidado, los brazos extendidos, el corazón latiendo con fuerza. El tronco se doblaba bajo su peso, pero Zarza la animó: —Con calma, pequeña. No tengas miedo. Con un último paso, Elara llegó al otro lado, jadeando pero sonriente. El abismo se cerró, y el Espectro siseó molesto.

La segunda prueba fue de sabiduría. Tres puertas aparecieron en la roca: una de roble, una de hierro y una de cristal. —Solo una os llevará adelante —dijo el Espectro—. Elegid mal, y vagaréis eternamente en círculos.

Zarza observó. —El roble es fuerte, el hierro es inflexible, pero el cristal es frágil —murmuró. Elara frunció el ceño. —Pero el cristal deja pasar la luz. Y nosotros buscamos la luz de la Piedra Lunar. Espina olfateó el aire. —Sí, de la puerta de cristal viene el aroma de las flores de luna. Zarza sonrió. —Bien razonado. Juntos empujaron la puerta de cristal, y se abrió a un sendero bañado en resplandor plateado. La niebla del Espectro retrocedió.

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Los ojos de Elara se llenaron de lágrimas. Se arrodilló y tomó a uno de los pajarillos en sus manos. —No puedo curar vuestras alas —susurró—, pero puedo cuidaros. Rasgó un trozo de su vestido y lo envolvió suavemente alrededor del ala del ave. Espina recogió bayas y las colocó cerca de sus picos. Zarza trajo agua en una hoja hueca. Juntos cuidaron de las criaturas con todo el cariño que pudieron dar.

Mientras lo hacían, la Piedra Lunar empezó a brillar con más fuerza, su grieta se cerraba lentamente. El claro se llenó de luz plateada, expulsando las sombras del Espectro. —¡No! —gritó, encogiéndose hasta desvanecerse—. ¡Me habéis derrotado!

La Piedra Lunar palpitó, entera de nuevo, y su resplandor devolvió la vida al bosque. Las flores se alzaron, los arroyos centellearon y el cielo nocturno resplandeció con estrellas renovadas. Los pájaros, aunque frágiles aún, gorjearon suavemente en agradecimiento.

Agotada pero feliz, Elara se apoyó en el caparazón de Zarza. —Lo logramos —susurró.

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Los ojos sabios de Zarza brillaron. —Has demostrado coraje, sabiduría y bondad, Elara. No solo eres amiga del bosque, sino su guardiana.

Cuando llegó el amanecer, regresaron al borde de la aldea. Elara miró con amor a sus compañeros. —¿Volveré a veros?

—Siempre que te llame la luz de la luna —respondió Zarza. Espina guiñó un ojo. —Y siempre que necesites un amigo con púas.

Elara sonrió, con el corazón lleno. Volvió a casa, ya nunca sintiéndose sola, pues sabía que la magia del bosque vivía en ella.

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Preguntas Frecuentes

¿Para qué edad es esta historia?

Esta historia es adecuada para 3–13 años.

¿Puedo escuchar esta historia en audio?

Esta historia se puede leer en línea de forma gratuita.

¿Cuánto dura esta historia para niños?

Esta es una historia corta para niños que generalmente se puede leer en 10 minutos

¿Estas historias para dormir se pueden leer gratis?

Sí, puedes leer estas historias para dormir en línea de forma gratuita.

¿Es esta historia adecuada para niños?

Sí, esta historia está escrita para niños y es perfecta para leer antes de dormir.

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