Un Cuervo y un Cisne

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Había una vez, en un bosque denso y sombrío, un Cuervo. Sus plumas eran negras como la medianoche, brillantes y relucientes bajo el sol, y sus ojos reflejaban una inteligencia aguda. Pero, a pesar de sus muchos talentos y astucia, el Cuervo estaba lleno de envidia. Porque no muy lejos de su hogar en el bosque, en un amplio y reluciente lago, vivía un Cisne cuyas plumas eran blancas y puras como la primera nieve del invierno. Se movía con tanta gracia, deslizándose sobre el agua con elegancia, que todas las criaturas que la veían se detenían en admiración.

El Cuervo la observaba día tras día, y cuanto más la veía, más deseaba ser como ella. “Si tan solo mis plumas fueran blancas”, pensaba, “entonces sería admirado y amado como ella.” Se convenció a sí mismo de que no era su naturaleza, sino su estilo de vida, lo que lo hacía negro. “Quizá,” razonó, “si nado en el agua como ella, me sumerjo entre las plantas y como lo que ella come, también yo me volveré blanco.”

Un Cuervo y un Cisne

Así que el Cuervo abandonó su hogar entre los árboles y los campos. Voló hacia el lago al amanecer, sus alas moviendo la niebla que flotaba sobre el agua. Se sumergió en las frescas profundidades, lavó sus plumas una y otra vez, frotándolas contra los juncos y las hojas de lirio. Comió las viscosas plantas acuáticas, las raíces y malezas que crecían bajo la superficie, pensando que esta dieta lo transformaría.

Los días se convirtieron en semanas. El Cisne, observándolo desde lejos, sacudía la cabeza con silenciosa compasión. “No importa lo que haga,” pensaba, “un Cuervo no puede convertirse en un Cisne.” Pero el Cuervo, demasiado orgulloso y cegado por el deseo, ignoró su silenciosa advertencia.

Aunque se frotaba y frotaba, sus plumas permanecieron negras como el cielo nocturno. Las plantas acuáticas, extrañas y amargas para él, lo debilitaban. Sus ojos agudos se apagaron, y sus alas, antes fuertes, se sintieron pesadas. Había comido tan poco de lo que lo nutría que su cuerpo se consumía. Aun así, se negó a regresar al bosque, creyendo que solo con perseverancia podría alcanzar el blanco que tanto anhelaba.

Al fin, delgado y débil, el Cuervo yacía a la orilla del lago, con sus esfuerzos agotados. El sol se reflejaba en las blancas plumas del Cisne mientras ella se deslizaba cerca, un recordatorio vivo de la belleza que había buscado pero nunca pudo poseer. El Cuervo cerró los ojos, y en aquel momento de silencio, comprendió demasiado tarde que había intentado convertirse en alguien que nunca estuvo destinado a ser.

Y así, el Cuervo falleció, dejando tras de sí una lección susurrada entre los árboles y los juncos: sé orgulloso de quien eres, pues la envidia y la imitación solo llevan a la tristeza.

Preguntas Frecuentes

¿Para qué edad es esta historia?

Esta historia es adecuada para 3–13 años.

¿Puedo escuchar esta historia en audio?

Esta historia se puede leer en línea de forma gratuita.

¿Cuánto dura esta historia para niños?

Esta es una historia corta para niños que generalmente se puede leer en 3 minutos

¿Estas historias para dormir se pueden leer gratis?

Sí, puedes leer estas historias para dormir en línea de forma gratuita.

¿Es esta historia adecuada para niños?

Sí, esta historia está escrita para niños y es perfecta para leer antes de dormir.

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