Había una vez, en un bosque denso y sombrío, un Cuervo. Sus plumas eran negras como la medianoche, brillantes y relucientes bajo el sol, y sus ojos reflejaban una inteligencia aguda. Pero, a pesar de sus muchos talentos y astucia, el Cuervo estaba lleno de envidia. Porque no muy lejos de su hogar en el bosque, en un amplio y reluciente lago, vivía un Cisne cuyas plumas eran blancas y puras como la primera nieve del invierno. Se movía con tanta gracia, deslizándose sobre el agua con elegancia, qu