Había una vez, en un viejo granero al borde de un pueblo tranquilo, una gran colonia de ratones. Vivían entre las grietas de las vigas de madera y debajo de los montones de paja, donde guardaban migas, granos y todo lo que podían encontrar en la casa del granjero. Pero sus vidas estaban llenas de miedo. Porque entre las sombras acechaba su enemiga: la Gata. Sus ojos brillaban como dos gotas de fuego amarillo, y sus patas eran tan suaves que podía acercarse sin hacer el menor ruido. Cada día, uno