En un bosque amplio y bañado por el sol, donde el suelo siempre olía a agujas de pino y los senderos se extendían como cintas doradas entre la hierba alta, vivía una Liebre — la corredora más rápida de todo el bosque. A la Liebre le encantaba presumir de su velocidad; no por crueldad, sino simplemente porque todos le recordaban cada día lo imbatible que era. Una mañana brillante, mientras arreglaba sus largas orejas junto al arroyo y saltaba de un lado a otro con impaciencia, vio a la Tortuga cr