El Viejo Burro Gris, Ígor, estaba solo en un rincón espinoso del bosque, con las patas delanteras bien separadas, la cabeza inclinada hacia un lado, y pensaba en cosas. A veces pensaba tristemente para sí mismo: "¿Por qué?" y a veces pensaba: "¿Para qué?" y otras veces pensaba: "¿En qué medida qué?"—y a veces no sabía exactamente en qué estaba pensando. Así que cuando Winnie-the-Pooh llegó dando sus pasos pesados, Ígor se alegró mucho de poder dejar de pensar un poco para poder decirle "Hola" de