Había una vez un molinero pobre que tenía una hija hermosa. Un día tuvo que ir a hablar con el Rey, y para parecer importante, le dijo: "Tengo una hija que puede hilar paja hasta convertirla en oro." El Rey le dijo al molinero: "Eso es un arte que me agrada; si tu hija es tan hábil como dices, tráela mañana a mi palacio y veré lo que puede hacer." Cuando llevaron a la niña, la condujeron a una habitación llena de paja. Le dieron una rueca y un carrete, y dijo: "Ahora ponte a trabajar, y si hasta