Una mañana de verano, un pequeño sastre estaba sentado en su mesa junto a la ventana; estaba de buen humor y cosía con todas sus fuerzas. Entonces apareció una mujer campesina por la calle gritando: "¡Mermeladas buenas, baratas! ¡Mermeladas buenas, baratas!" Esto sonó agradablemente en los oídos del sastre; sacó su delicada cabeza por la ventana y llamó: "Sube aquí, querida mujer; aquí podrás vender tus productos." La mujer subió los tres escalones hacia el sastre con su pesada cesta, y él le hi