Había una vez, en el corazón del Bosque Susurrante, tres amigos muy poco comunes: Finn, el zorro astuto; Luna, la gata elegante; y Bram, el lobo de gran corazón. Compartían una casita acogedora en el borde del bosque, donde el sol pintaba patrones moteados en su puerta cada mañana y la luz de la luna danzaba por sus ventanas cada noche. Los días del trío estaban llenos de aventuras y risas, pero una ventosa tarde de otoño ocurrió algo extraordinario. Mientras perseguía hojas caídas, Luna tropezó