En el tranquilo pueblo de Willowbrook, escondido entre altas colinas esmeralda, vivía un dragón llamado Ember. Ember no era como los demás dragones de los cuentos. Mientras sus primos rugían y lanzaban fuego, a Ember le encantaba leer libros, pintar nubes y escuchar la risa de los niños del pueblo desde lejos. Cada día, los niños se apresuraban a su alegre escuela, guiados por su querida maestra, la señorita Wren. La señorita Wren era curiosa y amable, siempre lista con una historia o una canció