Había una vez, en los prados susurrantes más allá del Bosque de RobaBaya, un pequeño erizo llamado Pippin. Pippin era curioso, amable y muy aficionado a coleccionar guijarros brillantes y hojas de formas extrañas para decorar su acogedora madriguera. Su mejor amiga era una ratoncita ágil e ingeniosa llamada Tilly, que vivía justo al lado, bajo un viejo tocón cubierto de musgo. Una fresca tarde de otoño, mientras las hojas doradas giraban en la brisa, Pippin y Tilly observaban la luna llena elevá